HÉRCULES, EL FUNDADOR DE SEGOVIA


Hubo un tiempo, en el que el mundo era tan reciente y tan cambiante, que
su existencia estaba controlada por los dioses del Olimpo.
En ese mundo, la memoria de los primeros humanos se perdió, pero el nombre de
un legendario héroe perduraría para siempre. Su nombre era Hércules y era
casi inmortal.
En cierto momento, su padre le mandó hacer toda clase de trabajos, como forma de
darle su perdón. Entonces, un día el mundo volvió a necesitar su ayuda: El mar
Mediterráneo estaba
sucio, y la misión de Hércules era limpiarlo. Debía recorrerlo entero desde Egipto
hasta los confines del mundo. Hércules, ya en tierras ibéricas tuvo que pelear
contra Gerión, para así defender a los Tartessos. Con tan solo un dardo
envenenado y una puntería digna de un dios, nuestro héroe derrotó así al
monstruo de tres cabezas. Separó los tres cuerpos, creando así dos cauces
por los que el agua del Atlántico limpiaría la del Mediterráneo. También construyó
las
columnas que marcarían el fin del mundo. Y entonces Hércules solicitó el retorno al
olimpo.
Júpiter, insatisfecho, pidió que el reino de Tubal fuera reprobado y tuviera un
nuevo soberano, quien terminó siendo, Hispán. Así, junto a las columnas de
Hércules, nació Cádiz, protegida por el mar; siguiendo un río y llegando a
donde más se ensanchaba, nació Sevilla. Entonces Júpiter exigió que fueran
fundadas más ciudades. Debía seguir más allá de las montañas, siguiendo el curso
de un
río, descubriendo una fértil ribera y allí se asentaron formando una nueva
ciudad. Poco a poco más gente llegó y Hércules amplió el terreno, y así nació
Segovia o la ciudad fortificada.
Cuando el invierno ya se acercaba, Hércules decidió marcharse y el rey,
abrumado, le transmitió al héroe su miedo a ser conquistados y por eso Hércules
dejó centinelas como protección. A esos siete
centinelas los llamó Siete Picos y después se marchó. Nunca regresó, pero aun
se alza, brillante y airosa, Segovia, la ciudad de Hércules.



Paula Calvo Romero

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