Todos conocemos a Juana, la
tercera hija de los Reyes
Católicos. Bueno, en realidad, la
conocemos por estar
supuestamente “loca”.
Pero hoy conoceremos su
verdadera historia y
descubriremos por qué terminó
recibiendo ese apodo.
Juana recibió una educación
esmerada, por empeño de su
madre, la reina Isabel I, quien
sabía bien lo complicado que
era para una mujer progresar
en una sociedad dominada por
los hombres. Pronto, la infanta
destacó en su dominio de las
lenguas romances y en la
interpretación musical. Era la
educación típica de un miembro
de la familia real.
Juana, en su infancia, no dio
prueba de sufrir ningún tipo de
trastorno mental hasta la
madurez.
Juana se casó en 1496 con Felipe
de Habsburgo, estando ambos
muy enamorados, pero la vida
matrimonial estuvo marcada por
la infidelidad de su marido y por
la continua soledad.
La infanta mostró obsesión y
tuvo episodios de ira en lo
referente a su marido. Tras la
muerte de su hermano, hermana
y sobrino, este comportamiento
se intensificó, pues la pareja
accedió al trono de Castilla y
Aragón. A los pocos años su
marido falleció y la actitud de
Juana durante el funeral hizo
que los habitantes creyeran en
sus problemas mentales, y le
apodaron “la Loca”.
Su padre, dispuesto a recuperar
la corona, la encerró en
Tordesillas hasta el día de su
muerte. Esta condena no la
quiso rectificar ni su hijo, Carlos
I. Cuando éste estaba ya
reinando, unos comuneros
fueron a pedirle apoyo a Juana,
pero ésta se negó defendiendo a
su hijo. En cualquier caso, lo que
más sorprendió a estos
visitantes fue descubrir que no
se parecía en nada a la loca que
su padre e hijo habían descrito.
Este último hecho es lo que ha
causado dudas a tantos
historiadores.
Estos son algunos datos. Ahora
bien, vosotros, ¿qué creéis?,
¿estaba loca, o simplemente fue
un rumor que crearon su padre
y esposo para alejarla del trono?
Paula Calvo
Comentarios
Publicar un comentario